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Publicado 16 mayo, 2013 by en Actualidad
 
 

El Museo de la Cerveza. Un lugar con mucha onda y atmósfera mágica.


En la zona más histórica de la ciudad de México, encontré un lugar con mucha magia: El Museo de la Cerveza.

Es un lugar que recupera la historia y la buena cerveza, es una obra de arte. Su dueño, Jorge, es el creador del concepto entre otras, es artista visual y pensó en cada detalle del espacio.

El lugar es acogedor, el primer atractivo es el piso, ya que está hecho con tapitas de cervezas, esto le da un toque original al museo.

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Las mesas están recubiertas por etiquetas de cervezas de todo el mundo. Inmediatamente te sientas, se acerca el mesero o directamente Jorge, que explican el procedimiento para elegir tu chela.

Del lado derecho, en la pared, hay un pizarrón con los jugadores, estos son los países de los que se tiene cervezas; debajo del país las marcas. Juegan más de 15 países, algunos con larga tradición frente a algunas extravagancias. La oferta es amplia y aclaran que lo que se va borrando esta eliminado. La información es muy clara, nombre de la cerveza, tipo, graduación alcohólica y precio.

En la pared de enfrente se exhibe una enorme Tabla Periódica de los Elementos de la Cerveza, otra joyita del lugar. Todo el lugar es ingenio y arte.

Te sirven el clásico pretzels. Decidí compartir y hacer una cata de 3 cervezas, conocí y disfrute variedad. Pero va a gusto, hay mucha oferta, es un lugar para volver.

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Hay leyendas y fotos de las cervezas en las paredes, una pared hecha con botellas y reliquias de cervezas mexicanas, cajas de todo el mundo y una puerta giratoria, que es una lata de modelo, todo en el lugar encaja, es perfecto.

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Empecé con una nacional, de los Cabos, Baja Red. Del tipo Ale con 6 grados. Me encantó, para empezar, cuerpo medio, muy perfumada, sus aromas me recordaron a la Tierra; en boca el lúpulo da un amargo exacto. Acompañando la degustación escuchaba la historia del lugar, pura pasión.

La segunda fue austriaca: Urbock 23, Pale doble bock, con 9,6 grados. Deliciosa, dorada, totalmente elegante, con un cuerpo sedoso, alegre, siempre juguetona entre dulce y amarga. Me encanto!

Detrás, siempre hay buena música, de todas las épocas, buena a mi gusto.

La historia del lugar es Patafísica, te lo pueden contar mientras tomas tu chela, claro siempre y cuando no esté lleno.

Pues de no tomar alcohol y considerar a la esta bebida amarga e innoble. Un video del destino lo llevo a beber buena cerveza y saber de sus secretos, al grado tal de poner el Club M, después venido en el Museo de la Cerveza. Pero esa maravillosa historia te la cuenta Jorge mientras te sugiere alguna de sus cientos de ofertas.

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Si te gusta la cerveza y el arte, no te puedes perder el Museo de la Cerveza.

El cierre fue Delirio Nocturno, de origen belga, el nombre dice mucho pero la cerveza es más; obscura, triple fermentación. Aromas de cacao y tabaco holandés predominan, en boca es compleja, dulce como debe ser, con el perfecto equilibrio del lúpulo y el malteado, tiene 8,5 grados. La hay versión clara, Delirium Tremen, que quedó pendiente. Con una sonrisa compartida me despedí y prometí volver pronto.

Debo decirte que siempre hay algo nuevo, han tenido hasta 700 etiquetas, así que no debes de perderte de esta gran experiencia.

El Museo de la Cerveza se encuentra en calle Bolívar 18 A, esquina con 5 de mayo. Centro Histórico.

Tel. 55100951.

Abre de martes a domingo a partir de las 3. Recomiendo llamar, se llena.

www.museodelacerveza.com